El extraño caso del cráneo del garaje de Mazarrón

Los arqueólogos tratan de aclarar si los restos óseos depositados en el museo por una vecina proceden de algún yacimiento del municipio

Casi cabe en la palma de una mano y su peso es sumamente liviano. Pero, por lo demás, hay más incógnitas que certezas. El cráneo que una vecina guardaba en la cochera de su casa y que ahora está depositado en el museo de la factoría romana de salazones de Puerto de Mazarrón centra una investigación para determinar si procede de algún yacimiento arqueológico del municipio, y así calibrar su relevancia histórica como una pieza de estudio.

El caso no deja de tener un toque rocambolesco. La ‘propietaria’ de los restos óseos (un esqueleto facial, sin mandíbula, y tres vértebras) comentó que los guardaba en su casa desde hacía más de quince años y que ya no recordaba cómo llegaron a sus manos. «El que entonces era mi marido se presentó en casa con ellos; alguien se los había dado. Creo que los encontraron en lo que apareció en Bolnuevo. Se quedaron en la cochera y salieron durante una de las últimas limpiezas que hicimos. No quiero tener eso en casa», señaló al hacer memoria; y poco más. Así que tirar de ese hilo para la investigación conduce a un callejón sin salida.

La arqueóloga municipal, María Martínez, reconoce que el reto resulta complicado y espera contar con la ayuda de los expertos de la Dirección General de Bienes Culturales para arrojar luz sobre el origen de esos huesos. Sin embargo, las restricciones impuestas por la pandemia de la Covid-19 también están complicando las indagaciones, que apenas han arrojado datos esclarecedores hasta el momento.

El esqueleto facial corresponde a un varón adulto que padeció una infección bucal; dos de las vértebras son humanas y la tercera, de oveja

Según la Carta Arqueológica de Mazarrón, el municipio atesora más de 150 yacimientos datados desde el Paleolítico hasta la Edad Media. En Bolnuevo solamente se tiene constancia de uno: el poblado fortificado del Cabezo del Plomo, un asentamiento del Neolítico que está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Excavado en los años ochenta del siglo XX, contaba con una necrópolis. ¿Pueden proceder de allí? Uno de los expertos que participaron en aquellos trabajos apunta a LA VERDAD que los restos óseos que aparecieron en ese enclave estaban «muy fragmentados», principalmente por la erosión. Pero no es posible desechar del todo dicha hipótesis. Aunque aquellos antepasados solían practicar las incineraciones (y ni el esqueleto facial ni las vértebras presentan marcas de fuego), en ocasiones también enterraban «paquetes mortuorios», formados por huesos representativos del difunto, como el cráneo.

Sinusitis maxilar

Lo que sí parece claro es que no son restos recientes. Sin la prueba del carbono 14 resulta imposible datarlos con exactitud, pero, a partir de las imágenes aportadas por este diario, la bioarqueóloga y profesora de la Universidad de Murcia María Haber no descarta que se remonten a la prehistoria. La experta en antropología física sí está segura de que se trata del cráneo de un varón adulto, «por los rasgos de las órbitas oculares, grandes y cuadrangulares, y por la forma de la cavidad nasal y del zigomático». Además, aprecia marcas que apuntarían a que sufrió «una infección bucal en parte de su dentición maxilar anterior» y una microrrotura en el pómulo izquierdo que podría estar relacionada con una sinusitis maxilar. En cuanto a las vértebras, dos son de una persona adulta y la otra de oveja, algo que no le extraña a la experta y que podría formar parte de un ajuar funerario.

Si las averiguaciones llegan a un punto muerto o si los expertos consideran que los restos carecen de interés para su estudio, por estar descontextualizados, serán depositados en el osario del cementerio, dando carpetazo al extraño caso del cráneo guardado en un garaje.