Agustín López Cano, ‘El Rapao’, fue buzo, salvó 105 vidas y entabló amistad con una gaviota: «Ya solo hablo con las gallinas»
ALEXIA SALAS
Una vez lo apartaron del mar y no tardó ni una semana en volverse a Mazarrón como el que busca oxígeno. A Agustín López ‘El Rapao’ se le debieron pegar al cuerpo las escamas del pescado que subastaba su padre en Garrucha (Almería), porque se pasó su vida entera a remojo como uno de aquellos personajes de Lovecraft que eran mitad humanos, mitad peces.
- Quién.
- Agustín López ‘El Rapao’.
- Qué.
- Buzo, salvavidas y capitán de puerto.
- Dónde.
- Mazarrón.
- Pasiones.
- El mar.
- Pensamiento.
- «En la vida aprendes que se gana igual que se pierde».
- Momento estelar.
- Cuando lo cazó un pulpo gigante.
«Me envicié con el mar en la playa de Bahía», confiesa sin tapujos El Rapao su pecado vital. De pequeño ya era un boquerón inquieto: «La gente me tiraba monedas al agua y decían ¡Agustín! y yo me tiraba a cogerlas», recuerda de la otra punta de la vida.
No tardó en sumergirse para ver con sus propios ojos lo que para la mayoría queda como un misterio de los abismos. Para cualquier tarea que tuviera que hacerse en el mar, llamaban en Mazarrón al Rapao, lo mismo para bucear que para desguazar barcos. Para él, un personaje de novela para quien el mar no era el medio inhóspito del hombre, ni el fin absoluto que vio Manrique, se propuso arrebatarle a las corrientes las vidas que quería llevarse: «Hice 105 salvamentos por mi cuenta, sin que nadie me lo pidiera ni me pagara. Me daba tanto dolor la muerte de la gente en el mar que decidí impedirlo, y me iba todos los días a vigilar la costa», cuenta Agustín de esas heroicidades que solo te compensan con paz de conciencia, aun a riesgo de perderla con la propia vida: «Una vez me vi apurado. Tuve que sacar a una madre y su hija, pero yo me salvé de milagro y tuvieron que hacerme la respiración asistida porque me iba de este mundo. Lloraban de agradecimiento, y me enviaron una carta en la que me reconocían haberles salvado la vida. Es lo único que te llevas. Nada más», pone en su sitio las piezas El Rapao.
De sus hazañas marineras, no olvida el día que dejó de coger pulpos, cuando recibió un abrazo casi letal: «Yo cogía muchos con arpón, pero un día se me agarró uno grande, que pesó más de 16 kilos, y cuando tiraron de él para sacarlo, me llevaba a mí enganchado detrás».
Fue capitán de puerto y creó un restaurante para su mujer y sus 7 hijos, aunque su secreto objetivo era no alejarse nunca del mar. Solo lo hizo en una ocasión: «Cuando pretendí a mi mujer, que vivía en Madrid, me iba a verla en los camiones de pescado», relata El Rapao su excusa justificada. Marinero en tierra, no se le escapaban las reglas del juego. «Una vez la vi pasear con su sobrino pequeño y al niño le dio por pedir un globo. Tuve que agenciarme el dinero del globo para quedar bien», sonríe ahora de aquellas fiebres juveniles. «No me costó mucho conquistarla», presume con media sonrisa el hombre-sireno.
Le salió redondo al Rapao, que cazó mujer y cocinera con la que construir la fama del restaurante El Caldero en pleno puerto deportivo de Mazarrón.
Tan unido ha permanecido a la costa mazarronera que hasta hablaba con sus gaviotas y entabló amistad con una en particular. «Era blanca como la seda. Preciosa. Venía a buscarme al restaurante», asegura Agustín de las mañanas en que el ave de mar hacía su vuelo de inspección y no veía al Rapao. «Se plantaba en la puerta del bar, aunque estuviera lleno de gente, y entraba a buscarme», recuerda de la vieja amiga. Los dos seres marinos tenían su lenguaje y sus secretos: «Yo entraba y le quitaba a mi mujer un pulpito o unos pescados de la cocina para dárselos», revela su delito con la fe de que el tiempo le sirva de atenuante, sin saber que tanto la esposa como el ave sabían de la debilidad de Agustín.
No quiere el hombre-pez hablar de la muerte de su gaviota, que aún le endurece el gesto. No hubo otra. «Ya solo hablo con las gallinas y los pavos», explica de su afición por el huerto y la granja que le ocupa los días, además de recorrerse la playa de Bahía para controlar el negocio de alquiler de hamacas que llevan su hijo y sus nietos, toda una saga volcada en la costa, aunque en realidad El Rapao lo que busca es otra excusa para acercarse una vez más al mar que lo reclutó de joven, mirar su horizonte y perder la cuenta de las olas. «Todo está ya en su sitio», respira.
Luto y emoción en la subida de la Virgen de Bolnuevo
La muerte del presidente de la asociación que impulsa las fiestas del Milagro marca el traslado de la imagen
El traslado a Mazarrón de la Virgen de Bolnuevo, uno de los actos principales de las fiestas del Milagro, se tiñó este domingo de emoción y luto. El fallecimiento de Gonzalo Contreras Vivancos, Charly, de 61 años, la madrugada del domingo, marcó la romería de subida, desde la ermita de la playa a la iglesia parroquial, una celebración por lo general siempre alegre.
Tampoco faltó en esta ocasión la música de la charanga, pero en el recuerdo de los asistentes siempre estuvo Charly, presidente de la Asociación Cultural Virgen del Milagro y una de las personas que más ha trabajado por el engrandecimiento de estas celebraciones, como recordó el concejal Miguel Ángel Peña. La capilla ardiente se encuentra instalada en el tanatorio Blaya de Mazarrón. El funeral se oficia este lunes, fiesta local por el Día del Milagro, en la iglesia parroquia de San Antonio de Padua, a las 16.30 horas.
Como señal de luto y tristeza, la imagen de la Virgen portó un crespón negro junto a la azucena que luce en su pecho, en recuerdo del prodigio que, según la tradición, obró el 17 de noviembre de 1.585, Cuenta la leyenda que ese día se apareció como una amazona para ahuyentar a los piratas berberiscos que habían desembarcado en la costa. La playa de Bolnuevo que pisó se llenó de esas flores blancas. Otro lazo también negro se colocó en el timón de la barca que sirve de peana a la talla en su trono.
Cientos de vecinos se sumaron al traslado de la imagen hasta Mazarrón. A la salida de la imagen de la ermita de Bolnuevo, los tradicionales trovos que se entonan en honor a la Virgen se convirtieron en un homenaje a Charly. Las voces, cargadas de emoción, se quebraron en algunos momentos. La subida de la Patrona de Bolnuevo se completó sin incidentes y en una mañana marcada por el sol y una temperatura casi primaveral. Como es habitual, la recepción a la talla tuvo como escenario el jardín de la Purísima, donde autoridades y vecinos entonaron cánticos. Después, los romeros trasladaron la imagen hasta la parroquia.
Las fiestas del Milagro arrancaron el viernes con el pregón a cargo de Sonia Yúfera Paredes. A lo largo de toda esta semana se sucederán actividades culturales y actuaciones musicales. Este lunes, a las 12 horas, se oficia la misa de renovación del voto y la ceremonia de la bendición del aceite. A las 19.30 horas será la procesión, desde San Antonio, que finalizará con el cántico del ‘Te Deum’. El día grande llegará el próximo domingo, con la popular romería del Milagro.

