El monte no arde por una chispa, sino por décadas de abandono y falta de gestión

Los propietarios forestales piden inversiones sostenidas, planificación a largo plazo y una visión que integre montes públicos y privados frente al avance del fuego

Las laderas guardan una memoria silenciosa. Durante años parecen inmutables, ajenas al ruido cotidiano, hasta que un verano extremo recuerda que ese paisaje también puede convertirse en una amenaza. Tras el devastador incendio de Los Gallardos (Almería), la conversación sobre los montes ha regresado con fuerza, aunque para Francisco Carreño el verdadero problema no comenzó con la chispa que originó el fuego, sino mucho antes, cuando el territorio dejó de cuidarse.

El presidente de la Asociación de Propietarios Forestales de la Región de Murcia (Profomur) y de la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España (COSE) sostiene que la sociedad continúa buscando el origen de los incendios (tendidos eléctricos, pirómanos, negligencias) cuando la prioridad debería ser reducir sus consecuencias. A su juicio, resulta imposible impedir todas las igniciones, ya provengan de un accidente, una imprudencia o una causa natural. La diferencia radica en la capacidad del monte para frenar el avance de las llamas.

«Nosotros no podemos evitar los incendios», sentencia. La labor de quienes gestionan el territorio, añade, consiste en conseguir que «la superficie quemada sea mínima». Esa idea atraviesa todo su discurso y explica su insistencia en reclamar una política forestal basada en la prevención continuada, en lugar de concentrar la mayor parte de los recursos cuando el fuego ya se ha declarado.

Carreño considera que el incendio de Almería ilustra ese diagnóstico. Las abundantes lluvias de primavera generaron una vegetación excepcional que, tras semanas de altas temperaturas, terminó convertida en un combustible continuo. En esas condiciones, explica, el fuego puede avanzar a gran velocidad porque apenas encuentra obstáculos naturales o zonas donde perder intensidad.

El abandono del medio rural agrava todavía más ese escenario. Allí donde antes convivían cultivos, pastoreo y actividad agrícola, hoy predominan extensiones continuas de vegetación seca. Esos mosaicos agrícolas que durante décadas actuaron como barreras naturales prácticamente han desaparecido. «El problema es la continuidad del fuego», insiste, convencido de que ese cambio en el paisaje explica la virulencia creciente de los grandes incendios.

La Región de Murcia tampoco permanece al margen de ese riesgo. El responsable de Profomur recuerda que existen núcleos de población rodeados de masa forestal donde una situación meteorológica extrema podría desembocar en episodios similares. Como ejemplo cita el proyecto desarrollado por la asociación en las pedanías lorquinas de Jarales Humbrías, concebido para crear franjas de protección, mejorar accesos, retirar árboles afectados por la sequía y reducir la vegetación acumulada alrededor de las viviendas.

La experiencia, señala, ha reforzado la percepción de seguridad entre los vecinos y demuestra que las actuaciones preventivas ofrecen resultados tangibles antes de que aparezca una emergencia. Aun así, lamenta que estas iniciativas sigan siendo excepcionales cuando, en su opinión, deberían formar parte de una estrategia sostenida durante décadas.

Esa falta de continuidad también afecta a los propietarios privados. Más del 70 % de la superficie forestal pertenece a particulares, pero Carreño denuncia que muchas inversiones públicas siguen concentrándose exclusivamente en montes de titularidad pública. Desde su punto de vista, el fuego no distingue límites administrativos. «No tiene sentido actuar por titularidad. El sentido es actuar por zonas», afirma.

Otra de las dificultades aparece en la burocracia. El dirigente forestal asegura que cualquier intervención requiere autorizaciones y planificación previa, una realidad que obliga a trabajar con horizontes temporales muy distintos a los de otras actividades económicas. «La mentalidad forestal no es la mentalidad habitual; es a medio y largo plazo», explica. Esa visión, sostiene, choca con decisiones políticas marcadas por la inmediatez.

La reivindicación trasciende el ámbito estrictamente forestal. Carreño defiende que los montes generan beneficios que rara vez se contabilizan, desde la conservación de la biodiversidad hasta la regulación del ciclo del agua o la protección frente a la erosión. Esa aportación ambiental, argumenta, permanece fuera de muchos indicadores económicos y contribuye a que el territorio pierda peso en las prioridades públicas.

A esa realidad suma un componente demográfico. Las comarcas de interior concentran menos población y menor influencia política, circunstancia que, en su opinión, explica parte de la escasa atención institucional. «No tiene peso electoral», lamenta al analizar por qué numerosas propuestas del sector permanecen años sin traducirse en medidas concretas.

Frente a ese panorama, el presidente de COSE reclama un cambio de perspectiva que convierta la gestión forestal en una política permanente y compartida por toda la sociedad. El fuego, advierte, no debería ocupar espacio únicamente durante los grandes incendios del verano. «Hay que abrirlo a la sociedad; este tema no puede ser de un departamento de la administración», sostiene. La prevención, concluye, necesita tiempo, continuidad y una implicación colectiva capaz de devolver al monte la actividad que durante generaciones mantuvo vivo un paisaje que hoy muchos contemplan con una mezcla creciente de admiración y miedo.

 

Luto y emoción en la subida de la Virgen de Bolnuevo

La muerte del presidente de la asociación que impulsa las fiestas del Milagro marca el traslado de la imagen

El traslado a Mazarrón de la Virgen de Bolnuevo, uno de los actos principales de las fiestas del Milagro, se tiñó este domingo de emoción y luto. El fallecimiento de Gonzalo Contreras Vivancos, Charly, de 61 años, la madrugada del domingo, marcó la romería de subida, desde la ermita de la playa a la iglesia parroquial, una celebración por lo general siempre alegre.

Tampoco faltó en esta ocasión la música de la charanga, pero en el recuerdo de los asistentes siempre estuvo Charly, presidente de la Asociación Cultural Virgen del Milagro y una de las personas que más ha trabajado por el engrandecimiento de estas celebraciones, como recordó el concejal Miguel Ángel Peña. La capilla ardiente se encuentra instalada en el tanatorio Blaya de Mazarrón. El funeral se oficia este lunes, fiesta local por el Día del Milagro, en la iglesia parroquia de San Antonio de Padua, a las 16.30 horas.

Como señal de luto y tristeza, la imagen de la Virgen portó un crespón negro junto a la azucena que luce en su pecho, en recuerdo del prodigio que, según la tradición, obró el 17 de noviembre de 1.585, Cuenta la leyenda que ese día se apareció como una amazona para ahuyentar a los piratas berberiscos que habían desembarcado en la costa. La playa de Bolnuevo que pisó se llenó de esas flores blancas. Otro lazo también negro se colocó en el timón de la barca que sirve de peana a la talla en su trono.

Cientos de vecinos se sumaron al traslado de la imagen hasta Mazarrón. A la salida de la imagen de la ermita de Bolnuevo, los tradicionales trovos que se entonan en honor a la Virgen se convirtieron en un homenaje a Charly. Las voces, cargadas de emoción, se quebraron en algunos momentos. La subida de la Patrona de Bolnuevo se completó sin incidentes y en una mañana marcada por el sol y una temperatura casi primaveral. Como es habitual, la recepción a la talla tuvo como escenario el jardín de la Purísima, donde autoridades y vecinos entonaron cánticos. Después, los romeros trasladaron la imagen hasta la parroquia.

Las fiestas del Milagro arrancaron el viernes con el pregón a cargo de Sonia Yúfera Paredes. A lo largo de toda esta semana se sucederán actividades culturales y actuaciones musicales. Este lunes, a las 12 horas, se oficia la misa de renovación del voto y la ceremonia de la bendición del aceite. A las 19.30 horas será la procesión, desde San Antonio, que finalizará con el cántico del ‘Te Deum’. El día grande llegará el próximo domingo, con la popular romería del Milagro.