Vuelven las perseidas y coincidirán con la última superluna del año

Esta madrugada del 12 agosto será cuando se alcance el número máximo de meteoros por hora, según el Observatorio Astronómico Nacional, donde se podrán alcanzar los 200 meteoros por hora viajando a 50 kilómetros por segundo

 

Será necesario esperar a agosto de 2023 para que la Luna vuelva a adquirir un tamaño tan grande en el cielo nocturno

El espectacular brillo de la Luna dificultará ver las perseidas

Llega el turno de las perseidas, la lluvia de estrellas más famosa del año que coincidirá con la superluna del esturión, tal y como afirma Natacha Payà, experta de Meteored.

Análisis de Natacha Payà, experta de Meteored 

Los seres humanos han tenido siempre una gran fascinación por la Luna, entre otras cosas porque dependían de ella para tener noción del tiempo y ajustar labores como la agricultura o la pesca a las épocas más productivas. Por eso, la próxima superluna es denominada como la del «esturión» ya que en agosto abundaba este pez y los nativos americanos le concedieron este nombre.

En 2022 ya se han producido dos superlunas (la de fresa y la del ciervo), y este viernes tendrá lugar la última del año. Este fenómeno alcanzará su momento culminante entre la noche del 11 al 12 de agosto, aunque seguirá brillando de forma notable durante las noches siguientes.

Casi un año para volver a ver una superluna

Una superluna se produce cuando la órbita del satélite está más cerca de la Tierra y también se encuentra en su fase de plenitud. El punto más próximo de la Luna adquiere el nombre de perigeo, momento en el que queda a unos 363.300 kilómetros de la Tierra. Cuando tiene lugar este fenómeno la Luna se ve ligeramente más grande y brilla más de lo normal, por eso se la denomina «superluna».

Para poder presenciar las próximas superlunas habrá que esperar casi un año, ya que se producirán en agosto de 2023, concretamente los días 1 y 31, siendo esta última la del ciervo.

Un mal año para las perseidas

Las perseidas, también denominadas «lágrimas de San Lorenzo», proceden del cometa Swift-Tuttle que completa su órbita cada 133 años. La última vez que pasó cerca de nuestra estrella fue en 1992, por eso, desde entonces, cada año la cantidad de meteoros vistos disminuye.

Su pico de máxima actividad se espera para la noche del 12 al 13 de agosto, aunque es posible verlas desde el 17 de julio. Su tasa de actividad puede alcanzar los 200 meteoros por hora viajando a 50 kilómetros por segundo. Por desgracia, al coincidir con la superluna del esturión, no será el mejor año para observarlas. El inusual brillo de la Luna ocultará los meteoros más ligeros y se verán una menor cantidad de estrellas fugaces. 

¿Por qué suceden?

Los cometas, según describen sus órbitas alrededor del Sol, van arrojando al espacio un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanece en una órbita muy similar a la del cometa progenitor.

Cada cometa va formando así un anillo en el que se encuentran distribuidos numerosos fragmentos cometarios. Cuando la Tierra, en su movimiento en torno al Sol, encuentra uno de estos anillos, algunos de los fragmentos rocosos (meteoroides) son atrapados por su campo gravitatorio y caen a gran velocidad a través de la atmósfera formando una lluvia de meteoros. La fricción con los gases atmosféricos calcinan y vaporizan los meteoros que aparecen brillantes durante una fracción de segundo formando lo que popularmente denominamos estrellas fugaces. No se trata por tanto de una estrella sino de una partícula de polvo incandescente.

La altura a la que un meteoro se hace brillante depende de la velocidad de penetración en la atmósfera, pero suele estar en torno a los 100 kilómetros. Sin embargo, el alto brillo y la gran velocidad transversal de algunos meteoros ocasionan un efecto espectacular, causando la ilusión en el observador de que están muy próximos. Los meteoroides de masa menor al kilogramo se calcinan completamente en la atmósfera, pero los mayores y más densos (de consistencia rocosa o metálica), forman meteoritos: restos calcinados que caen sobre el suelo.

Cada año a principios de agosto nuestro planeta cruza la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un período de 133 años y que pasó cerca del Sol por última vez en 1992. Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.

La correspondiente lluvia de meteoros parece tener un único centro de origen, un punto del que parecen surgir todas las estrellas fugaces. Ese punto se denomina «radiante» y su localización se utiliza para nombrar a la lluvia de estrellas. Así pues, las perseidas tienen su radiante en la constelación de Perseo.

¿Qué hacer para ver las perseidas?

El lugar de observación puede ser cualquiera con tal de que proporcione un cielo oscuro. Es preferible observar desde un lugar que tenga pocos obstáculos para la vista (como edificios, árboles o montañas), y no utilizar instrumentos ópticos que nos limiten el campo de visión. Aunque las perseidas parecen venir de la constelación de Perseo (de ahí su nombre), se pueden ver en cualquier parte del cielo. Conviene dirigir la mirada hacia las zonas más oscuras, en la dirección opuesta a la posición de la Luna si la observación se realiza antes de su ocaso. Lo más cómodo es tumbarse y esperar a que la vista se acostumbre a la oscuridad.

El número de meteoros observables por hora es muy variable. En un sitio bien oscuro y con el radiante alto sobre el horizonte puede superar el centenar. Sin embargo, el número de meteoros observados por hora puede variar muy rápidamente según varía la densidad de fragmentos en la estela del cometa, por ello las predicciones concretas sobre número específico de meteoros dependiendo del día y la hora son difíciles de realizar y suelen estar afectadas de una incertidumbre alta.

 

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